¿Quién es Lucía?

Hola, soy Lucía. ¡Encantada de conocerte!. Si has llegado hasta aquí­ es porque alguien te ha hablado de mí­, y algo ya me conoces. Pero mejor que sea yo la que te cuente mi historia, y como he acabado en tí ordenador (¡aunque yo misma todavía no me lo creo!), así­ que, ponte cómodo (o cómoda) y sigue leyendo.
Ya sabes cómo me llamo… (¡claro, si viene en la portada!) y que tengo diez años, recién cumplidos; también que soy melliza de una hermana que es tan guapa como yo… ¡jajaja! y que las dos tenemos un hermano mayor que nos cuida y nos chincha a partes iguales…¡como todos los hermanos mayores!
Lucielos leyendo
Lucielos
¿Tú tienes hijos?, ¿O sobrinos?, ¿O nietos?. ¡Pues yo soy igual que ellos!. Lo mismo me levanto y “doy el día” (eso es lo que me dice mi madre cuando me despierto con el “espíritu guerrero” y no paro de incordiar) o soy obediente y “no doy ruido” (eso es lo que dice mi madre cuando le hago caso a todo sin rechistar). Lo que nunca dejo es de reírme. Y de hacer bromas. Y de pintar un ratito. Y de salir de paseo al parque. Y de jugar con mis amigas. ¡Igual que tus niños, ya te lo dije!.
Hace un poco más de dos años, mi vida y la de mi familia cambió. Me puse malita y no sabíamos que me pasaba. Después de algunas pruebas me dieron el resultado: tenía cáncer. ¡Vaya susto que nos pegamos!. Es que es una palabra muy gorda, ¿verdad? Pero verás, hice todo lo que me dijeron, unas veces con más ganas que otras, y luché con toda mi familia y amigos, alrededor, ayudándome y, desde luego, seguía riéndome, haciendo bromas, pintando, jugando y saliendo al parque cuando se podía, que eran muchas veces. 
Después de un tiempo bastante tranquilo he tenido una recaída. ¡¡Uff!!, ¡vaya telita! Al principio lo pasas muy mal porque ya sabes lo que te espera, pero a los pocos días, rodeada de todos los tuyos, lo que más quieres es empezar cuanto antes el tratamiento para salir pitando del hospital, porque como en la casa de uno…..
Pero me puse peor que otras veces. Mucho peor. Y entonces me enfadé mucho, muchísimo. Estaba más que harta de pinchazos, de medicinas que te dicen que saben a naranja.(¡¡una porra pá ti!!), de que se me volviera a caer el pelo que ya me estaba saliendo, ( ¡ojú que rollo!), de que me dolieran hasta las uñas de los pies. Vamos, ¡que estaba hasta el moño de todo y de todos! ( eah!, ya lo he dicho…).
Me callé. Podía haber gritado. Podía haber llorado. Podía haber dicho palabrotas( pues sí, que podía). Incluso podía haber hecho las tres cosas a la vez. Pero era tanto el enfado, tanto, que lo único que se me ocurrió para que se enteraran todos fue eso, callarme. No tenía ganas ni motivos para hablar. “Se acabó. No abro la boca”.
Y claro, acostumbrados como estaban a oírme sin parar, se asustaron una barbaridad. Pero a mí me dio igual. “ Que no, que no hablo”.
Por el hospital van los voluntarios de la AECC. Todos son mis amigos. Y de todos los demás niños. Y de sus padres. Y de los míos. ¡ En fin, que somos todos amigos!. Pero entre todos ellos, tengo una amiga un poco especial. A las dos nos gusta mucho reírnos y gastar bromas, (yo creo que por eso nos hicimos tan amigas) y Ana, que así se llama, también se asustó mucho cuando no le dirigía la palabra. Me llevaba fotos, me contaba historias, me traía juegos….pero yo seguía en mis trece y no soltaba prenda.
Y con esas van y para rematar la faena…¡ me meten en la UCI!. “ Ahora si que no digo ni mú”
Lucielos descansando
Lucielos
Mi amiga empezó a pensar, y a pensar, y a pensar ( bueno, tampoco tanto…)y se le ocurrió que, en vez de contarme cuentos de otros, lo que haría sería escribirme un cuento en el que yo fuera la protagonista. ¡YO, LA PROTAGONISTA!!!.
La verdad es que ya estaba un poco harta de no hablar, ya me estaba cansando de explicar sin palabras lo que quería y lo que no, y mi tiempo de estar callada se estaba acabando. El caso, es que cuando me leyó “mi cuento” dentro de la UCI, yo, me sentí superbién, importante, grande y me vi como lo que ella me estaba diciendo: Yo era una princesa, siempre lo había sido. Abrí la boca y los ojos, y di palmas, y sobre todo, me reí mucho. Empecé a hablar, y a los pocos días, salí de la UCI. Y en un poco más, me fui a mi casa.
Para eso hizo Ana mi cuento, para que yo me riera y volviera a hablar.
Yo ahora te lo doy a ti para que tú lo leas, para ti o para tus niños, para tus vecinos o tus alumnos, para tú cliente o tú amigo. Para quien tú quieras.
Una condición te pongo: Ponle ganas al cuento, léelo con entusiasmo y dale vida a todos los que salimos en el. Piensa que, a lo mejor, de cómo lo hagas, depende una sonrisa o un aplauso, y eso es lo que merece la pena en la vida, sonreir y divertirse.
Muchos besos. Y muchas gracias por querer saber de mi.

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